Barrio de Chueca en Madrid

¡Hoy es el Día de las Ciudades! Un octubre urbano que pretende poner de manifiesto los desafíos urbanos mundiales -que no son pocos- y conseguir con ello que las ciudades sean inclusivas, seguras y sostenibles. 

¡Cómo no vamos a hablar hoy nosotras de la nuestra! ¿Que le cambiaríamos algunas cosas al respecto? Pues sí; pero eso vamos a dejarlo para otro post (para el Día Internacional de los “no estás de acuerdo” o algo así). 

“Madrid, Madrid, ¡qué bien suena tu nombre!”, decía Machado allá por aquellos años. Pues sí que suena bien. Madrid es esa típica ciudad de amor – odio. ¿Empezamos por el odio? El del metro por las mañanas, el del atasco a primera hora en la M-30, el de las colas, los tropiezos y codazos en las aceras -aunque también es verdad que esto últimamente lo hemos reducido bastante, incluso, a veces se le echa de menos-, la típica tópica contaminación ¡pero qué molesta! ¿Y amor? Sus calles, sus locales conocidos y secretos, sus azoteas, La Latina un domingo, los mercados, los calamares, ¡las tapas!, las terrazas, San Isidro y La Paloma… Y sí, por supuesto, sé que lo estáis pensando. ¡Chueca! Madrid y Chueca… ¿Os contamos una curiosidad?

¡Desorden, caos y confusión!

Seguramente todas y todos habéis oído hablar de la expresión “La Casa de Tócame Roque”, y para los que no, es una expresión castiza que por aquí se lleva mucho para referirse a algún lugar caótico en el que reina el más absoluto desorden y confusión. Lo que igual no sabéis es que esta frase nació de un hecho concreto y cierto. Y es que La Casa de Tócame Roque existió realmente.

 En pleno barrio de Chueca estuvo en pie al menos desde finales del siglo XVIII hasta mediados del XIX, siendo  bien conocida por sus continuas trifulcas y algarabías. Se ubicaba en la esquina de la calle Barquillo con la de Belén y si os acercáis por allí veréis una placa amarilla que señala dónde estaba esta corrala. 

 A la alta densidad de población que provocada de manera constante altercados y follones, se le sumaba el conflicto más enquistado que era el que mantenían Juan y Roque, dos hermanos que se declaraban herederos del lugar, pero que por culpa de la mala redacción del testamento de su padre andaban a las gresca y no se ponían de acuerdo. Cada uno decía “tócame a mí”, contestántole el otro, “no, tócame a mí”, “tócame, Roque”… Y así, a voces y gritos, todo Madrid fue testigo de su propia herencia. 

 ¡Menudas cosas os contamos eh! Pues esperad al siguiente…

 La frase de hoy, de un viejo conocido, Sabina: “Con su todo es ahora, con su nada es eterno, con su rap y su chotis, con su okupa y su skin, aunque muera el verano y tenga prisa el invierno la primavera sabe que la espero en Madrid”.

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